Igual si no eres muy seguidor de Apple no te sonaba mucho el nombre de Tim Cook pero posiblemente, desde el pasado lunes 20, lo habrás leído en muchas partes con motivo de su «jubilación. Pongo entre comillas lo de jubilación porque no es del todo así, ahora te cuento.
Tim Cook cogió en 2011 el timón de aquella empresa para los locos, los inadaptados, los rebeldes, los problemáticos, los que no encajan en ningún sitio, los que ven las cosas de otra manera. Son frases del famoso anuncio Think Different de la Apple de finales de los 90. Una empresa para minorías, para unos cuantos elegidos, para esos rebeldes.
La heredó del que posiblemente sea uno de las personas más carismáticas del mundo de la tecnología, Steve Jobs. Se han escrito ríos de tinta sobre él y todavía queda mucho que descubrir. El temperamento, la creatividad, la impulsividad de Steve Jobs dieron paso a la calma, la estabilidad y, porqué no decirlo, la monotonía de Tim Cook.
Un inciso antes de que se me pase: todo mi respeto a Tim Cook, que ha cosechado grandísimos logros, pero esta es mi opinión sobre lo que menos me ha gustado de su etapa. Continúo.
Durante estos 15 años ha llevado a Apple a convertirse en la empresa más valiosa del mundo, aunque ahora no ocupe ese puesto. Ha conseguido que los dividendos y beneficios se disparen, crear una cadena que hace que puedan presentarse unos móviles un martes y apenas 10 días después puedan venderse millones instantáneamente en cientos de miles de tiendas. Ha reconvertido esa empresa para rebeldes en una maquinaria perfecta de imprimir billetes. Y eso, por supuesto tiene su mérito.
Por el camino ha dejado atrás esa revolución que marcó la Apple de la segunda era de Steve Jobs. Esa de los iMacs de colores, esa del portátil en un sobre de correos, esa del iPod y el iPhone. Esa que ha cambiado el mundo tal y como lo conocemos. ¿Exagerado? Piensa en tu vida sin un smartphone, el que sea que tengas. Me da igual que sea un iPhone, Samsung, Xiaomi, Oppo… eso que tienes es heredero directo del iPhone que presentó Steve Jobs.
Por supuesto que no vendían millones de unidades, por supuesto que no era perfecto pero ahí está esa imagen para la posteridad de Steve Jobs con un móvil «casi» todo pantalla en la mano. Ahí está esa imagen y esa frase de 1000 canciones en tu bolsillo y Steve Jobs sacando un iPhone del bolsillo. Y como esas, muchas más fotos de esa Apple que, hoy en día, añoro.
No tenemos nada parecido de Tim Cook y, a estas alturas, no lo tendremos. Se marcha habiendo creado esa maquinaria pero sin haber creado historia. No hay nada de lo que se haya presentado en estos años que se pueda considerar así. Que por supuesto presentó el Apple Watch, los Air Pods, los procesadores M… pero no hay ni una sola imagen emblemática. Se empeñó, aunque haya que leerlo entre lineas, en que su legado iban a ser las Apple Vision Pro. La computación espacial, una nueva forma de interactuar con la tecnología. Ahí están esas «Meta Quest» de casi 4000 $ vendiéndose poquísimo en unos pocos países.
Perdió el salto de la Inteligencia Artificial porque, como le pasó a Nokia o Blackberry con el iPhone, no supo salir de su visión y ver lo que el mundo iba a demandar. Se marcha, más o menos, por la puerta de atrás. Ya no estará al frente de las presentaciones (por favor, John, que vuelvan las keynote directo) pero seguirá como presidente encargado, entre otras cosas, de lamerle el culo al Donald Trump. Perdona la expresión pero cito al propio presidente de los Estados Unidos. Ese es el nivel.
Se hace cargo del puesto un ingeniero, John Ternus, que lleva en Apple 25 años. Alguien que viene de la tecnología y que anuncia que están preparando productos que volverán a cambiar el mundo. Es muy fácil anunciar, no nos engañemos, pero en cuanto a avances y revoluciones tecnológicas, Tim Cook no ha puesto el nivel demasiado alto. Yo espero volver a sorprenderme en alguna presentación con algo que me vuele la cabeza.
Sólo diré un par de cosas más en defensa de Tim Cook después de todo lo que he dicho:
- Coger el testigo de Steve Jobs no era tarea fácil. Cuantas veces he leído eso de «esto con Steve Jobs no pasaba»
- Puede no gustarme ese continuismo que ha demostrado, pero ha convertido Apple en una grandísima empresa.
Aun con tó y con eso, como dicen por ahí, yo no echaré de menos a Tim Cook.